Mostrando entradas con la etiqueta Brevario de la lógica epistolar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Brevario de la lógica epistolar. Mostrar todas las entradas

1999

BREVARIO DE LA LÓGICA EPISTOLAR

A mis musas

A Xal

Al tiempo, que ya no se burla de mí

1. La podredumbre de la ignorancia

Carta al Mar después de mi suicidio (1997)
Mar:
Sé que vas a llorar y preguntar porqué. Intentarás comprender y buscar una razón. Son muchos los motivos por lo que lo hice. A lo largo de este tiempo te los fui contando, todos, como a nadie. Motivos que surgen de mi Cronos drogado. Mi historia, llena de vacíos; una historia, con muchas historias; esta historia, piedra angular de mi laberinto mental.
Atento me escuchaste durante horas, aprendiendo, soñando, tratando de seguir mi ritmo, o, simplemente, respetando cada silencio inesperado. Pero ahora ya no estaré, jugué mi última carta, esperanzado de que claves mis puñales en otros corazones. ¿Y si las almas alienadas blasfeman? ¡Que se pudran en su ignorancia!
Mi vida después de la vida será aullar desde mi Nirvana creyendo que, de ves en cuando, me seguirás escuchando, atento, comprensivo, poderoso.

“La revolución es, también, combatir nuestro
propio yo parasitando dentro de nuestro cuerpo”


Carta a la luna después de mi suicidio (1997)
Luna:
Fuimos uno tantas veces que hasta a mí me sorprendía, fuimos muchos tantas veces que hasta ellos se asustaban; pero nunca pude dar un paso sobre la tierra; quizás por lo mismo que nos unía, quizás porque entonces sí hubiéramos sido solo dos.
Si el mar conoció mi espíritu, tú conociste mi alma, esa que tantas veces estalló en tu nombre, esa que mil veces lastimaste.
No te pude odiar, y no me arrepiento. La vida crujió creando un nuevo universo, universo que reconocí ahora, enterrado en las estrellas. Te amé con locura, tanto que cuando olvidaste mi otro yo, casi me derrumbo. Ese otro yo que juraste que no existía porque tu mente tiene parámetros. Ese otro yo, esa bestia que recién ahora murió... junto a mí.
Sé que no debo juzgarte, se que no llegué adonde quería, sé que me olvidarás. Estoy muerto y no lo entendés. Tan solo intenta sentir como yo.
Nunca engañé, ni a vos ni a nadie.
Esa imagen construida era yo, más dura,
pero al fin y al cabo era yo.

2a. Carta a la luna después de mi suicidio
2-98
Luna:
Miro mi exterior y llueve, tan solo llueve; quizás porque la tranquilidad de mi espíritu necesita existir en alguna balanza cósmica, necesita transmitir lo que en este momento siento; tal vez no sea así, pero no importa.
Estoy muerto, seguí la luz y estoy muerto; a pesar de los infantiles juegos que jugué contigo para subsanar lo que por un tiempo fuiste: E Q U I L I B R I O.
Pero como todo juego -cuando dura demasiado- los jugadores caen extenuados, hartos de hacer rodar los dados, agobiados de ganar o perder. No quiero jugar más, siento que es perder el tiempo con alguien que cambió para mal. ¿No te das cuenta, acaso, que la abstracción del universo que desprecias te brindó toda tu magia creadora?¿No sientes que tu carbonilla se mueve esquemáticamente?
Eras lúcida, no tenías fantasmas regidores ¿Acaso me engañaste de manera tan perfecta que tú misma te convenciste?¿o realmente surgí en ti como el martillo de la pared de tu patetismo?
Luna, derramaste sobre el asfalto la esencia de la inspiración: la desesperación. Nunca te lo perdonarás; el único responsable será tu ego, que brinca de espejo en espejo, deteniéndose en quién te califica “bien”.

¡Abandona tu ego
por que no podrás llegar a la cumbre cargándolo!
¡Baja tu mente, sube tu espíritu, atrapa tu alma y libera tu corazón!
¡O arderás en tu propio vacío!
(Pienso y sonrío).
Recuerdo cuando reprimiste tus ganas de invitarme a tu casa. Recuerdo y recuerdo, temeroso de que estalle la bestia que habita dentro mío. Recuerdo y recuerdo, no recordaré más.
Espero que un día puedas rasgar
tus vestidos y besarme.
(Pronto o en tus 27 años).

Te quiere.

2a Carta al Mar después de mi suicidio
2-98
Mar:
Miro mi exterior y el calor derrite sueños, tan solo derrite sueños. Quizás porque la tranquilidad de mi mente necesita existir en alguna balanza cósmica para poder transmitirte lo que en este momento siento; tal vez no sea así, pero no importa.
Estoy muerto, seguí la luz y estoy muerto; a pesar de las histriónicas miradas que compartí contigo para subsanar lo que fuiste para mí: C O N F I A N Z A.
Pero como toda mirada, termina. Me di cuenta que estás atrapado en una partida que -a pesar de ser tu sueño- te robó (o te dejaste robar) la posibilidad de llegar a donde pocas personas han llegado, perdiste la oportunidad de luchar por dos revoluciones. Sos solo la gramática de los graffitis en tus paredes, sos solo el verdugo de tu propio destino.
Mar, en algún momento te desheredé. No me arrepiento, pero viendo el presente (gracias a la luz del tiempo) debo decir que te juzgué mal. Escribí: Es un can, pero no lo eres; eres un lobo que simula estar herido para devorar a los buitres que se acercan hambrientos. Sos un ente caligariano que oculta sus deseos más íntimos tras la piel de can, de fantoche.
Mar, ¿Cómo lucubraste tan fastuosa pantomima? ¿Cómo supiste de mi debilidad por las mascotas? Ya no importa. Mi mente terminó de romper las cadenas que la ataban a mi corazón y, estoicamente, se lanza hacia la lucha frenética por la libertad.
Los años han pasado, y desde mi cofre (palacio de mis cenizas) me abocaré a destruir las columnas de esta sociedad. ¡No me preguntes cuando! Los muertos no tenemos tiempo, estamos más allá del bien y del mal.
¡Hasta la victoria siempre!

2. La oscuridad de la agonía

¿? (1997)

Luna:
Son las 21:30 hrs. y estoy tirado en mi cama pensando en vos porque se acerca tu cumpleaños, porque te extraño. No tengo nada por qué vivir ni a quién amar, ya no puedo crear hologramas que me engañen o logren hacerme sonreír.
Intenté escribir algún poema pero solo escupí palabras sin sentido. Intenté tomar coraje para enterrar mi orgullo y marcar tu número pero no pude, solo me salió escribir esta estúpida carta que de nada ha de servir.
Vos seguís en tu rutina: amada, alegre y con cien flores en tu corazón. Yo acá, abandonado a los brazos del azar, que me pide a gritos que me entregue. No quiero, pero sufro, sufro mucho.
No entiendo por qué todo me sale mal ¿Por qué la vida me traiciona y mis heridas me entierran poco a poco? Si soy lo que se llamaría un “buen chico”. Esta vida es una mierda, me quita hasta lo que más quise: Vos.
Lloro por nada, no puedo asumir que te perdí (¿o nunca te tuve?). Creía que comprendía todo pero solo soy un fugitivo. No soporto a mis muertos, a mis demonios, a mis sueños, a mis viejas, a mi ego.

(Enciendo mi enésimo, tomo un larguísimo trago de cerveza y siento el eterno sonido de alguna canción. Afuera mi vieja sufre y yo impotente. Quizás mi libro no salga nunca.)

El Che en la pared ya no me mira, las drogas ya no me temen, y esta carta...no termina.
La mugre de mi cara no se limpia con nada, el polvo del suelo me atormenta sin cesar, la jungla de cemento me golpea duramente, la cachorra llora para no quedarse sola nunca más.

¿Cómo hacen algunos para olvidar su pasado?
¿Cómo hacen algunos para ignorar su presente?
¿Como hacen algunos para imaginar su futuro?
Mil veces pensé métodos para decirte que te amo. Mil veces ideé “locuras” para verte sonreir conmigo de nuevo. Mil veces grité para defender tu aura. Mil veces lo volvería a hacer, aunque sea en vano.
Hoy estoy aquí, sufriendo el sufrir tu indiferencia, sufriendo la palabra “amistad”.

Esperanzado de que quieras
compartir un poco tu alegría.
Beccar, esa pequeña ciudad... 1:31 hrs. del 4-07-2000.

X:
Esta noche es de esas noches que se presentan como el inicio de otra etapa de depresión. Es de esas noches en las que escribo con desesperación porque siento que saltar al vacío, para terminar con mi sufrimiento, es la puerta más próxima. Es de esas noches en la que hasta las lágrimas se resisten a salir. Es de esas noches en la que la muerte brilla desde un espejo. Es una de esas noches.
Quise escribirte por la misma razón que tú callas muchas veces tus debilidades. Quise volcar en estas líneas mi presente. Quise confiar en ti aún más.
Estoy mal. Mi corazón destrozado camina por inercia, de la manera más cruel: sin angustias, sin sentir dolor por el puñal en mi pecho. No puedo explicarte cuan doloroso es morir lentamente, ver como la piel te engaña con su brillo.
Caigo. Caigo. Caigo y no puedo evitarlo.
Te quiero mucho, a pesar de mi racionalización de la realidad. Te quiero mucho, aún me sorprende cuánto congeniamos en tan poco tiempo.
Sé que tus pasos no son tan seguros como dicen, que tambalean audaces y envidiados. Entérate que yo estoy; simplemente porque defiendo y defenderé a los soñadores que hagan lo que yo no: Martillar sobre el yunque de la constancia y la tenacidad.
No dejes de caminar.
Carta a Rosario bajo la lluvia (1999)
Rosario:
La madrugada y el frío se mezclan en tu seno. La lluvia se entristece por tu amor. El cielo ya no te pertenece, pronto será mío ¿Por qué? Porque, quizás, nuevamente usé una ciudad -a tí- como cementerio de mis pasiones; o tal vez la miseria de mis congéneres me obliga a despreciar toda la banalidad con que llenan sus vestiduras.
¿Es éste el arco iris de la existencia? Creo que no. Creo que otros son los colores que forman el abanico de las emociones.
Estoy agotado...estoy herido...estoy mojado... estoy sin nada en mi estómago. Tan solo me estoy enamorando (¿Qué importan las lágrimas si caen a un océano de incertidumbre y cordialidad?)...
¿? (1998)

R******:
Quizás esta sea la despedida, a pesar de que mi corazón no quiere perderte, pero la pregunta es: ¿Te tuve alguna vez o solo fuimos ilusiones que crearon nuestras mentes para ahuyentar los fantasmas del pasado? No sé. Sea como sea, yo no puedo dejar de pensar en la lágrima que identifica tu rostro.
Deseo amarte, pero en este momento no estás dispuesta a resignar un poco tu libertad. Creo que nuestras almas se cruzaron en la noche equivocada, y así como apareciste desaparecerás.

Te quiere

P.D.: Los años de dolor y mis demonios de escritor me dicen que pronto me olvidarás, y que yo seguiré recordándote en las noches de coma.
Medianoche del 20. (2000)

Niña del sol:
El atardecer me encontró viajando rumbo al vacío, fingiendo -tras la ciudad- que podía cambiar mi presente; sin embargo nadie se anima a transitar junto a mí los sueños y la sensatez.
Estoy solo, desfigurado y sucio. La tristeza se ha posado sobre mi corazón pues no te veré el próximo fin de semana. Sufro porque necesito contarle mis pesares a un ángel como tú, agonizo porque la realidad me lleva a vomitarte solo pesadillas. Discúlpame por favor. No tengo el derecho de enturbiar aún más tus pensamientos. No tienes por qué soportar tanta podredumbre, tanta oscuridad.

¡Niña del sol! ¡Háblame!

3. La incertidumbre de la pasión

Verano del 2000, lejos de casa.

Cabellos de mar:
Empiezo a escribir estas líneas después de estar largo rato imaginando tus ojos inquietos tras las estrellas, quienes -fieles guardianes de nuestra luna- intentan representar la cantidad de besos que deseo darte, la cantidad de historias que quiero construir junto a tí, la cantidad de lágrimas que derramé por amores pasados (enterrados) y que ahora solo se muestran como puertas hacia tí.
Considero que desde nuestro primer beso supiste de mis temores, mis heridas y mis sueños; no es poco para mí. Supiste de esos temores que pudiste callar, de esas heridas que supiste cerrar, de esos sueños que quiero compartir sabiendo que no mirarás para otro lado ni apagarás cruelmente.
Eres tan bella, un ángel caído del paraíso y que iría junto a mí hasta el mismísimo infierno. Eres tan dulce, un alma aparecido en cualquier noche y que cambió -para siempre- el sentido de ser un viejo buscador de ilusiones. Eres tan real, un ser golpeado por la vida y que comprende la necesidad de luchar por la libertad física, mental y espiritual. Sin embargo estoy inquieto.
Estoy inquieto ¿por qué? porque pronto partiré y ninguna voz sedará los nervios de la calle, el deseo de mis labios, la incertidumbre de no saber si la fina línea de mi locura me llevará a perderme en mi mismo, el laberinto que acorrala la sonrisa detrás de tu espejo. Pero no importa.
No importa ¿por qué? Porque tu enredado cabello será siempre el borde de mi vida por donde me atreví a salir sin temor a ser mi propio caleidoscopio.
Deseo tener tu cuerpo, oír tus gemidos y ver tu sonrisa. Quiero estar a tu lado, oír tus palabras y ver tus pasos. Sueño hilvanar sueños para que mientras tú me ames y yo te ame marchemos hacia la locura, esa que solo nosotros entendemos como funciona.

Te amo

P.D.: Cuando te digo “te amo” siento como mi pecho se hincha hasta más no poder, mi saliva pasa temblorosa por mi garganta y mis ojos se nublan embriagados.
Desde mi refugio. 2:13 hrs. de algún día de Marzo.

Amor:
El inefable reloj no ha dejado de marchar, el tonto sueño no me ha atrapado y el susurrar del viento no te ha borrado de mi mente. Por demás inquieto te escribo nuevamente.
El no tener tus besos me hace sentir vacío, me atemoriza. Deseo con toda la fuerza que me deja mi coma cuatro, verte. Has entrado en mi corazón más de lo que imaginé y quise aceptar. Siento, al pensar en ti, esa amargura que uno siente segundos antes de llorar. Te amo. Te necesito. No quiero perderte, no quiero que el fuego (y la magia) se aplaque ni un centímetro. Te amo.
Siendo más pragmático, te cuento que estuve charlando con T****. Él me propuso ir en auto para allá a mediados de Abril (me dio mucha satisfacción comprobar nuevamente cuán grande es su corazón). Así que te voy avisando que me esperes.

Te ama y te extraña
¿?
Ro (cio):
Estoy sentado en el comedor de mi casa, preocupado porque ya no me quedan casi cigarrillos y no tengo más dinero para comprar. Los necesito, quiero calmar (quemar) mi angustia.
Esta es la tercera carta que comienzo a escribirte. Me cuesta expresar lo que significas sin tener miedo a que lo malinterpretes.
La luz interior que te inunda es el más preciado regalo que te dió el universo, trata de no perderlo. Tu belleza no es solo exterior, sino también interior (la más relevante, a pesar de este mundo que se devora a si mismo). Significas mucho (tu sonrisa, tu “te quiero mucho”, tu mano en mi hombro) pues creo que puedes ayudarme a salir de mi laberinto, el que yo ayudé a construir. Pero tengo miedo de perderte, de que nuestras diferencias destruyan el frágil puente de cristal y se aleje tu corazón, ese fragmento de sol que cayó a la tierra.
Haré lo posible y lo imposible para que nadie apague la luz que ilumina.
¿?

Cabellos de mar:
Ésta es una de esas noches en las que -desvelado- trato de hacer las cosas bien. Por eso releí la última carta que te escribí...
No sé, realmente no sé que decirte. Solo puedo afirmar algo: En esas líneas traté de expresar mis sentimientos. Allí puse mi corazón por delante de la razón, allí traté de gritar a los cuatro vientos- ¿Cómo hago para abandonar el pozo de la tristeza?. Contéstame, por favor contéstame. No dejemos que el castillo de Febrero se derrumbe y nos lastime. No quiero perderte....
La Cava, Beccar. Noviembre del 2001

Amiga:
Hoy te he visto luego de mucho tiempo; más bella que nunca, tan sensual e incansable como siempre, más alejada...
Me despertás un “no se qué” que late en alguna parte de mi ser. Me dibujás en el Cosmos algo así como la fuga de mi alma hacía tí, generando ese sentimiento de ignorar a que distancia nos encontramos. Estás tan cerca como lejos. Y me intriga.

Te quiero mucho.
Beccar. Quién sabe cuando.

Cabellos de mar:
Tan lejos te encuentras que casi ya no puedo sentir el perfume de tu piel; tan lejos te creo que no tengo fuerzas para dejar de envenenarme. Demasiado es el alcohol en mis venas y demasiada la cocaína en mi cabeza. No puedo dejar de husmear en los confines de la autodestrucción.
Decenas son los demonios que pululan junto a mí, riendo irónicamente. Decenas son los fantasmas que deambulan por mi habitación, llorando sus condenas. Decenas son los corazones que busco conocer para sentirme amado...¡¡No puedo más!! Deseo morir, dejar de fingir, detenerme en el borde del acantilado y gritar: -Yo soy, estoy vivo, estoy harto de tanta mediocridad y falsos ídolos.
Quiero amar, y si es posible amarte. No puedo esperar tu fragata de satisfacción, necesito que tires el ancla. Recuerda: Yo amo a la humanidad. Deseo ser libre.
Deseo ser libre, ¿es caminar hacia la locura? ¡Habla! Di algo, di que me odias, di que me amas, di que estoy perdido, di que soy fabuloso, di lo que quieras decir...pero júzgame, quiero que me juzgues, no quiero perderte.
Puedo desnudarte, oír tus gemidos y partir, pero las cadenas de mi corazón me lo prohiben. Quiero tener un programa de radio contigo, que juntos seamos un temerario motor, que estemos bien, que volemos sobre ríos, llanuras, cordilleras y ciudades...
Amo y detesto tu confianza en mí. Quiero sacar de mi cabeza a la Niña del sol, a todas las personas que inventé porque no estoy bien.
Te amé con locura... ¿Ahora? Ya no sé nada, mi realidad vibra por el terremoto de mi inutilidad, inutilidad que avanza de pie, sonriente.
La anestesia me condena a mi eterno laberinto, quizás llamado castillo de Febrero, quizás llamado locura antropofágica, no sé.
Quiero y no quiero morir, quiero y no quiero salir, quiero y no quiero luchar por nuestra historia...
(Barbarie capitalista)

... con locura, ¿locura? Mirar el techo de mi celda y ver el verdín parasitando sus maderas, ergo escribir alguna poesía como descargo.
Yo te amaré por siempre, aquí o en Pláton city, pero te amaré. Amaré el fuego de tus ojos cuando debatamos ideas, el fuego de tus ojos cuando seduzca quinceañeras, el fuego de tus ojos cuando nuestro pechos se agiten.
Soy así, ingenuo y malvado, frágil y poderoso, lúcido y torpe...
Me voy, la loca de pris me llama.

Sigues siendo una luz en mi camino.
Quiero escribir y no sé a quién. Mi Cosmos no puede dilucidar a quién. ¿A Fulano? ¿A Mengano? ¿A Zutano? A ti, X.
Noviembre del 2001.

X:
Hace tiempo que no podemos platicar tranquilos. Tu ritmo, mi ritmo y el ritmo de los demás no nos permiten sentarnos a gozar un cigarrillo, tocar nuestras barrigas y ver a las gatas correr.
Temo al pensar en la posibilidad de que los caminos transitados juntos hayan sido porque un plano de nuestras vidas nos forzó a ello. No quiero. Lo lamentaría. Me dolería.
Mi presente es iluminado por la luz del sol; mi cuerpo y mi mente por la luz de la tranquilidad. He podido exorcizar la mayoría de mis demonios. Estoy parado sobre mis piernas observando el amplio horizonte; difícil, difuso, pero amplio. Es una batalla dura, mis fuerzas aún son escasas, pero avanzo; con los pies doloridos e hediondos, avanzo; solo y dubitativo, avanzo. Estoy en ese vórtice, vértice de cada escalón que subí, que subo y que voy a subir.

Lloraría tu muerte.
¿?

Cabellos de Mar:
Ya ninguno recuerda al otro cotidianamente. Tan solo somos un esporádico recuerdo, grato recuerdo, triste recuerdo.
Hace años luz que el Cosmos de este último verano me hizo escribirte una carta que aún no encuentro. Fue después de un click en mi mente que cambió profundamente el sentido de ser. Ahora navego en un barco de vapor, del cual soy marinero y capitán.
Aprendo.
¿Por qué te escribo? Muy bien no lo sé. Sé que sos una mujer maravillosa, de esas que se cuentan con los dedos de una mano en la vida de un varón. Sé que yo fui un cobarde, de esos que no se animan a jugarse por la historia que puede hacerlos feliz. Sé que, más allá del bien y del mal, cualquier caminos que tomes, no estar juntos es un fantasma en mi corazón.
Sacabas lo mejor de mí.
-Podés contar conmigo siempre-
Madrugada del 12-6. (2000)

¡Hola Niña del sol!
Pasaron varias noches desde nuestro último abrazo, sin embargo todavía acompañas mis pensamientos como un ángel -dulce y melancólico- que me regala algunas sonrisas. No sé por qué sentí este impulso a escribirte; quizás porque mi alma cree que puede confiar en tí, quizás necesita continuar mi libro así, no sé. Solo sé que mis días pasan embriagados por la niebla de la confusión, con el sentimiento del vacío, tras el muro de la soledad...
Esperé ansioso alguna palabra tuya, pero las horas se escaparon sin recibir ningún mail. Se me ocurrió que podría ser porque no pudiste crear tu propia casilla, pero igual me entristecí. Es que tú le haces bien al cansado caballero que me refleja el espejo, cansado caballero que carga cientos de cicatrices y, todavía, algunas heridas abiertas.
Mi cuerpo sangra porque ya no siente casi fuerzas y naufragará. Mi corazón llora porque ya no sabe como es el amor y naufragará. Mi mirada se angustia porque ya no vislumbra la meta y naufragará. Mi alma espera.
Tengo muchas ganas de verte, de tratar de descubrir que mensaje portan tus ojos (tu alma), de perderme intensamente tras el fulgor de tu sonrisa (tu dulzura y tu melancolía). Deseo verte.
Niña del sol, eres una flor en mi camino.
Tú eres quién es especial.
Atardecer del 25-6. (2000)

Niña del sol:
Anoche no pude dormir. Solo di vueltas y vueltas en mi cama pensando cuan cruel es mi existencia, vago mi futuro y soñador mi corazón; pero pese a todo decidí seguir remando pues aún creo en algunos espejismos; en esas gaviotas que susurran en mi oído: - Existe la tierra firme; en esas hadas donde leo: - Debes seguir a pesar del hambre y la sed; en esos cielos donde el viento escribe: - Algún día te empujaré hasta el puerto de la felicidad (¿no es acaso lo que todos ansiamos, por lo que luchamos?).
Niña del sol, apareciste entre las sonrisas de anoche, entre esas personas que uno recuerda y -lleno de gozo- pronuncia su nombre en voz alta. Puede parecerte mucho (teniendo en cuenta que pocas veces cruzamos palabras, miradas y abrazos) pero mi corazón siempre me hace estas jugarretas. Esta vez me repartió complicadas cartas, una mano que urgente quiero abandonar.
Tú, creo, ni te imaginas cuan rápido late mi cabeza; tú, creo, ni te imaginas cuanto quiero huir del hedor que me rodea...pero no puedo (¡debo parar! He inventado demasiadas rosas en mi camino, el asfalto de tu ciudad, espinas). Sin embargo sigo.
Me despido un poco menos triste que antes. Tú sigue remando.

P.D.: ¡Ah! Y recuerda: Si quieres, estaré...
Fin