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ACROBACIAS

Tiro (2005)

Tiro. Tiro de gracia. Péguense un tiro. A tiro del infierno. A tiro de mi killer.
Vacío. Vomito y me vacio. Anoche he muerto. Casi, casi que no me doy cuenta.
Tiro y t iro. Un tiro, me tiro o sigo tirando....
(mierda..debo dejar de escribir, calzarme un traje y salir...)

Puentes 1/1 (2005)

Miro atrás y ya no veo nada, niebla...
Miro a mi izquierda y tropas enfurecidas cortan rutas...
Miro a mi derecha y desde algunas tribunas blasfeman contra el todo.
Solo resta seguir quemando puentes tras de mí.

Miro mis tripas y solo heridas, suaves...
Miro mi pene y solo escapo de ladillas...
Miro mi pecho y ella ya no llorará nunca más en él...
Solo resta seguir quemando puentes tras de mí.

Miro el espejo y lamento que esté vacío...
Miro el lavatorio y no puedo sacar las manchas de sexo ajeno...
Miro el inodoro y ya no hay quién vomite...
Solo resta seguir quemando puentes tras de mi.

(Cansa mirar lo que nadie mira. La ruleta)
En ruleta, arden las sogas. Y los animales con los que uno convive lloran a escondidas.
Y las almas que uno ama se destruyen por ego.

(Oculto. Oculto lo inexperto tan solo para seguir)

En ruleta, arden los maderos. Y el horizonte de un atardecer que no veo pugna por no ser otra ilusión. Yo tiemblo. Quizas me equivoqué, antes o ahora... pero solo resta mirar como el fuego come voraz los depojos de mi humanidad.

(Ni lágrimas pude darle a ese amor genuino, el primero, el real, el incandescente.
Solo di bronca por impotencia. Herí sin compasión.
¿Que otra cosa me quedó hacer antes de huir
si ya no quiero correr a mi madriguera dejando un rastro de sangre? )

En ruleta, mientras los puentes arden, las tripas piden y el fósforo eriza mi piel...

Puentes 1/2 (2005)


-Equilibrio. Glándula. Cabeza. Ave. Oda. Dècima. Factura. Precios machucados al sol. Baba de quince dìas parodiando ìconos de luz...- le decía histérico a la cerillo. Luego miro hacia abajo. Sudo. Cedo. Sedo y repito: -Esquiroles. El Manchester United gana tres a cero. El No gana y gime mitá chauvinismo, mitá la Feliz. Tardas perezosas nubes...

(Era imposible no marearse. Los árboles que hasta entonces no eran una preocupación se volvieron -involuntariamente- mi mayor temor. ¿Porque ésto y no una liana?)

Puentes 1/3 (2005)


El viento actuaba sobre los árboles. La llovizna enfurecía a la luna. Lo soez miraba el ritual. Picaban decenas de mosquitos. Rumiaban centenares de ranas.
- Quizás deba regresar...
Estaba solo. Miré mis pies y giraban sobre el abismo. Infierno. Cancerbero. Leviatán. Los afiches no me dejaron temblar.
-Quizás deba seguir...
El sueño ganaba mis vueltas. Alguna meretriz consolaba. Asfixiabame. El puñal.
- Perdí mi encendedor...

Retazos 1/05

La noche era del montón. Chillaban las ratas del tenedor libre.
-¿Y si en lugar de un anexo contruimos otro edificio?
-Puede ser, pero cuesta más plata...y no hay para eso...
Las sombras se escurrieron en la esquina. El neón piropeó sus pasos. Ya estaban agotados de la rutina. Nadie se ofrecía como un cable a tierra. Alta tensión.

Carta abierta a Gabriela Botbol (2005)

Gaby,
hace tiempo que no me digno a sentarme a escribirte, un poco menos a escribir. No es que te haya olvidado,¡es más! poco a poco fui descubriendo que expresas en mi Cosmos lo que pude haber sido, como pudieron los demonios esculpir mi andar (frase hecha pero que como las buenas siempre dan gusto repetirlas). No es que no recuerde nuestras andanzas por el circuito peregrino, ¡es más! cada noche desde aquellas noches trato de sentirme igual de poderoso. No es que te haya olvidado, simplemente esta madre tierra y sus ventarrones enceguecían lo dulce y lo amargo de ser un poexistente... quizás aún lo hacen. No se, tan solo aprovecho mis últimos pesos y mis últimos besos de este nuevo infierno para mezclar algunas palabrejas que digan algo.

Hace mucho que te fuiste de nuestras calles, ellas siguen igual. Los
papeles, las putas, el sudor organizado, el misticismo a croché. Siguen perdiéndome, tanto que casi casi ya renuncié a andarlas. Prefiero la T.V., un buen porro, un buen polvo e irme a dormir "Mañana hay que trabajar" "Mañana hay que luchar". Pero extraño aquello. Ya nadie excita mi cerebro (ni siquiera existe algún hueso que se ofenda porque no lo tengo en cuenta). Ya nadie ni nada despierta aquella euforia "con gran potencial" (como decías). Simplemente mis labios pronuncian palabras de mi vieja. O algo así con un touch de dialéctica hegeliana. Es el vacío. Ese que nos presenta como hombres modernos (en el sentido clásico del término) que -por supuesto- no creemos en la vida eterna (¡bah! por lo menos con la misma osamenta, el soporte papel no cuenta). ¿Donde apilaste el vacío?

¡¿Como se podría decir que anda tu hermano del alma?! Triste. Los leños de mi pecho siguen ardiendo. Y yo con miedo de estar ardiendo sin sentido. Solo. El Olimpo poexistente te aleja del común de los mortales, aún de quienes amas. Convencido. En las calles furiosas repercuten cada vez más mis palabras de clase, y el agua cristalina.

Soy conciente de que estas líneas llegarán a otros, y poco entiendan aunque poco callé. Pero mi espalda pesa...y algunos pecamos de megalomanía. Nada ni nadie, ni aún mis ojos yunque, romperán la Olivetti. Aunque vuelva el vacío.

Un abrazo (ya sin Shakespeare)

Ping Pong (2005)

Ping Pong
-Alumbra la noche candente menesteres rojos y sutiles.
Y el puerco atardecer abanicando el rostro sin sentido.
Fuera la malaria de lo tonto perruno.
Ni idea más que ideas y fuerza solitaria
-dijo el hombre herido de muerte.

Extrañaría (2005)

Extrañaría acunarte en mis brazos,
hasta que de tu alma explote una mirada serena.
Tus besos adolescentes,
que erizan lo poco que quedó en mí de ternura.
Tus gemidos desesperados,
mágico elixir de noches inestables.
Tus frescas risas impávidas,
anéstesicos de heridas bermellon.

Extrañaría.
Alientos y alientos.
El pancho y la Coca.
Dedos torturados.
Pedos inocentes.
Pecados ignorantes.
Orgasmos.
Lazos.
Lengua.

Extrañaría, confuso,
esquivando la tristeza pagana.
Extrañaría...si sigues tu camino.

Requiem para un amor amordazado (2005)

Era temprano. Me había despertado por enésima vez esa madrugada, sudoroso. Esta vez decidí levantarme y mirar al espejo que siempre deforma mi mirada esquiva. Al hacerlo encontré un papel, busqué una pluma, y escribí a pesar de que mis manos ya no quieren hacerlo:

Atravesamos mares, montañas y desiertos para estar juntos. Nuestras sonrisas, nuestras lágrimas, nuestros sueños pedían aquello. Cada filme, cada comida, cada orgasmo exigía aquello. Pero quizás nos mentimos. La necesidad de que alguien tan diferente y parecido a nosotros nos abrace nos unió; la búsqueda de que alguien nos comprenda nos soldó; el temor de estar solos....ello nos hizo escarbar en la mirada del otro. Y allí, al filo de la noche, acobardados del día, nos enamoramos, nos amamos. Quizás como nunca amamos a nadie antes, quizás como nunca amaremos a álguien después.
Y soñamos...soñamos todo lo que queríamos mirar -ya ancianos- desde un jardín inmenso: el color de nuestra casa, el nombre de nuestros hijos... la vida eterna. Quizás nos mentimos, esta tierra hostil que nos unió nos obligó a separar lo que no debíamos unir. Habíamos jurado acompañarnos hasta las puertas del infierno, pero éste es demasiado tormentoso y nuestro amor demasiado grande como para condenarnos a ver, al borde del abismo, entre el fuego, al otro. Quizás nos mentimos, quizás soñamos demasiado, quizás mi orgullo, o tu orgullo, mi ira, o tu ira, mi pasado, o tu pasado...todo lo que usamos como cemento de estos quinientos días, se diluyó entre nuestros sentidos.
Ya no basta con decirte que te amo, ni siquiera me creerás. Tampoco sirve que culpe a mi bestia interior, es mi deber domarlo. Ya nos dimos todo lo que nos podíamos dar. Y fue maravilloso, por lo menos para mí. Y fue mágico, por lo menos para mí...


Agotado, me detuve. Otra vez me detuve. Me detuve por lo mismo que desde hace quince años. Las palabras no son capaces de cambiar las cosas. Solo levanté mis brazos, me desperecé y salí a estirar las aurora de mi retina. Blandí mi espada y quise llorar. Pero no pude. Los vecinos preguntarán porque no llora el niño esta vez. Así que seguí estirando la aurora y puse el agua en el fuego para clamarle a los dioses que se apiaden de mí por lo que he hecho.

Fisherman (2005)

Agotado. Ni de la lluvia ni del repiqueteo automotor.
Ahogado. Ni del fango ni de la humedad.

Veloces los demonios masacran lo puro y torturado de mi cable a tierra. Inquietos lucubran tácticas y estrategias que lo normal y lo formal aprendieron a odiar en su casa o su templo.
Y sin embargo no quiero aplastar. ¿Será el temor de que mis cicatrices ahumadas no hayan tenido sentido? ¿Será el odio a las canas de mis huesos? ¿Será la impostura de trazar caminos en disidencia? Ya no importa. Ahora, aunque sea solo por ahora, necesito orinar en cada rincón de lo que creo que me pertenece.¿Sino de que vale vivir?
Algunos proclaman que me darán charla aún dentro de mi tumba. Otros facen en silencio. Solo en una cuestión de fermentos, fundamentos y bella sintonía.
Quiero romper culos, círculos enfermizos y calamidades extrañas.
Agotado. Tanto que la lluvia de Oruro y Calvo no es más que excusas.
Ahogado. Tanto que el fango de La Cava no es más que bolsas de aire.
(Así no podrás blandir espadas más que con la lengua)

Revelación, resignación o reflexión de una mañana de verano (2005)

Anoche vi imagenes entre sueños.
No podría decir que fue un sueño...tampoco una pesadilla.
No gocé...ni tuve miedo.
Al despertar no tuve ganas de orinar...ni abrí los ojos transpirado.
Entonces, si no fue sueño ni una pesadilla,
fue -a falta de drogas- una revelación.


Despertaba en una cama de hotel. No me importaba manchar las sábanas.
Mi cuerpo estaba inundado de yerba y harina.
Apareció un amor terminando y solo atiné a seguirla.
En el camino me extravié, solo buscaba calmar lo ánimos.
Finalmente llegué a la puerta y la encuentro con un viejo amor suyo.
Sonreí, le pego un cachetazo y me marcho. Me detiene,
me muestra su panza y me entrega una cinta de video.
Suspirando, sin dolor, regreso a mi cuarto, cambio de zapatos y observo. Nada.
Solo un film pornográfico.
¡Ah! Con algunas escenas de ella gimiendo como no recordaba.

Salgo de mi cuarto. Corro por el pasillo,
tropiezo con un muchacho de limpieza,
recuerdo que dejé la puerta abierta, grito "ascensor" y subo al séptimo.
Allí, junto a su puerta, ella, sonriendo junto a un simpático conocido.
Me observa, sigue sonriendo, ahora a carcajadas.
Yo -resignado- solo comprobando que los sueños
nunca se vuelven pesadilla...

Anoche ví imágenes entre sueños.
Cuando me levanté no estaba cansado.
Pero otra vez no pude bañarme.
Habían cortado el agua en los monoblocks,
y las vizcachas renegaban por su suerte.

(En un sandwich de jamón y queso,
la vaca colabora y el cerdo se compromete)

Obituario/Febrero (2005)

El intenso viento apuñalaba cada paso. Esa mañana, su andar no hubiera asustado más a que a si mismo. La noche anterior le había bastado para escapar de demonios y fantasmas, por lo menos por algunas horas. Ignorante de quién había encendido la luz rojiza, el diazepam ahora era la voz de su espíritu y el vacío la fuerza de su existencia. Cansado estaba de los juegos enfermizos, pero aún más de no poder dejar de caer en los brazos sombríos de la soledad. No quería pensar en nada y ni en nadie. Le servía para elevarse hacia las colinas de gracia, dones y piruetas circences. Apenas les restaban fuerzas y cordura para contarme lo que lo atormenta.

-Estimado amigo, si es que a quién comparte horas de juerga se lo puede llamar amigo, hoy ya no soy. Alguien que me amó, o dice aún hacerlo, se recuesta ya, pronto, por desesperación, como vaginal terapia, en el pecho lampiño de héroes de cartón corrugado, de esos héroes mediocres cuyo leiv motiv es marcar un vez más la culata de su virilidad. Y no puedo evitar llorar, aunque lo salado solo hiera mis mejillas; aunque lo húmedo ahogue esa famosa confianza y ese diplomático respeto de lo que dicen se fabrican los dúos. No puedo evitar llorar, no por pérdidas o fracasos, sino por el festín que en mi honor sacia los estomágos de mis demonios. Demonios que me veran arribar solo ante la puerta de su hogar, a pesar de promesas, que incumplidas, desequilibran la balanza del ser de a dos. Y es hora...

El compañero de juergas se había dormido, a él tambien lo alcanzó el sueño. Y pocos ya se animaban a transitar la grieta abierta entre el infierno y el paraíso. Solo le restó levantarse del córdon de la vereda y -nuevamente- sentir el frío hiriendo su piel, desestrañar sus tripas y mirar de frente a lo que fuegue su sendero. El horizonte seguía allí. El sol no era el mismo. Un par de extraños le disputaban su trono. Febo falla. El horizonte seguí allí...y ni fuerzas para esperar el resultado tenía ganas. Aunque él sea el elegido para santificarse como caballero.

Obituario/Febrero II (2005)

La llamarada del mediodía despabiló las heces del andante. Ya había enterrado lo nocturno y pastillar. Su mente se resistía a levantar el tubo. Necesitaba comer más que guisantes. La falta de afeite y afecto eran exorcizados de a poco por el tiempo. La desesperación fue enterrada por la razón. Fuera de su voluntad se encontraba el destino de esa musa como compañera del enfermizo viaje al infierno, donde poetas, putas, mendigos y algún que otro chofer, se mezclaban en orgías de premoniciones y fracasos. Ahora, febo al trono, debe salir de esta madriguera que traidores carreristas condenaron por ignorancia recubierta de inteligetsia. Sin embargo, en la puerta -para no perder la costumbre- miró a las bolsas de carnosas y blancas narices. Ello lo aplacó.

-Desahuciados hombres, admiro su voluntad de plantarse horas frente a este sencillo lugar. A mí me asfixia toda esta parafernalia llamada civilización, moral, patria, diplomacia, cordura... A mí me asfixia tratar de trasmitirle los arcoiris del crisol de experiencias, magia, locura, ira, compasión y romanticismo (¡No! Danielle Steele, no) a quiénes amo sin poder convencerlos de que se deben dejar llevar por alguien que nació cien siglos adelante, por alguien que encarna el nuevo milenio...


Los mastodontes se durmieron sin antes perderse la oportunidad de mofarse de él. Cansado, sin dinero, volvió a repetirse a si mismo que solo resta esperar; esperar que si aquella musa -responsable de la ceguera de la noche anterior y la anterior, y la anterior- quiere realmente conocerlo, aprender, poder decir que es su compañera de viaje, sola regresara reclamando su cabellera. De lo contrario, no habrá podido escapar de los señores del orgullo y el popolo perdido.

Aurora en Do (2004)

Corrientes ya no es la misma. No porque sea angosta y sigan sin arreglar los baches, sino porque esta invadida de seres extraños para quienes fueron extraños. Esos habitantes a la fuerza intentan dormir o venderte alguna baratija. Y yo sigo caminando.
La noche está extraña. Mi cuerpo recuerda relojes de titanio sin calmar ánimos o calcinar la materia. Tomo lentamente una cerveza para regresar, regresar a lo cotidiano. Me duele el pecho y sé porqué, el pasado despuntando el vicio y lo meláncolico para escribir esto (algo debo sacar de unos mangos bien invertidos).
Inspiro y el dolor no cesa. El acantilado se dibuja tras el murmullo y me pregunto porque no envio una carta a lo Cacho Castaña, un carta a España (sí, a tí poexistente amiga). Nadie responde y solo resta seguir en la búsqueda de fragancias farmacéuticas.
Sentado en uno de esos bares la esperé y no llegó. Los rostros conocidos seguían preguntando sin espiar en el baño. Vomité y solo los fantasmas (siempre un poco avaros) corrieron en mi ayuda. No dejo de sentir dolor. La angustia escapa, los toreros se vuelven impiadosos y esa mutual biológica espera la aurora.
Mi carne se abre y el estómago crispado encesta un saludo inicial. No puedo ni llorar. A lo lejos falta la sonrisa, el psicólogo y alguna chicana frenéticamente incapaz. Callo porque lee y leo lo que se puede convertir en úlcera. Ni entienden los magos ni desaparecen los conejos. Bla. Bluff.
El tabaquismo es una enfermedad de balanza. Balanceo mi cuerpo en el Puente Saavedra sin animarme a volar. Lejos el suicidio, muy cerca del fin del infierno. Aquél que una juntadora de chapitas (aprendiz de poeta) no puede definir, solo atina a decir que no quiere llevar allí a nadie que ame, solo abraza la esperanza (no verde) de que ese álguien la espere en lo salida. Yo también. No quiero que nadie me acompañe al infierno, ahora ni siquiera hasta la puerta. Solo necesito álguien que se anime a esperarme a la salida.
Podría ser sutil, usar esas trescientas palabras en sintonía, esas pocas que repito en infinitas combinaciones para pararme frente a lo incombinables y escupirles que me quiero parecer a Roberto. Pero no quiero. Digo a oscuras "profe" mientras me masturbo (¿Qué será de mi profesora de segundo año que se fue a vivir a San Nicolás?). Digo "profe" y me consuela compararme con el Yo inicial. Silencioso y solitario. Comunista y poexistente. Excelente (Y Matt Groening me inicia juicio).
Esto se alarga y me presiona para escribir mi eterna novela. Tellado apareció en un bondi mezclada en una inescribible poesía. Esa ideas de melodías por omisión recién ahora caben en el paño. El recuerdo de borrachos consejeros late envidioso. Cerca está la rebelión popular y debo ocultar el carnet (¿o mostrarlo?). Nadie más que nosotros aumentará el volumen de ese saxo del fondo y el nosotros cubre mis demonios. Otra vez el exit se exita en las calles tomadas. Fuego y frenesí en discursos y combates finales. Sobre resta que otros huelan como se pudren atemorizados mis ex condiscípulos. Y me despido. Nuevamente escapo a vomitar. Aún sigo sin llorar. Aún Corrientes es distinta. Aún el tiempo pasa en super ocho milímetros. Aún lamento no haber podido inundarme de su sonrisa en el bar.

Un nuevo escrito (nuevo pero escrito)-2004-

Hace días que andaba dando vueltas por mi cabeza las siguientes palabras: "Navegan las huestes del quebracho, entre ranchos chagásicos y suelas de cartón...". Pero esta ciudad con fragancia a revolución, caótica mugre y cencerros de doncellas bien putas -afeitadas- que deambulan por el cemento estéril en búsqueda de algún macho rico que las haga ser; no me deja seguir.

Perdí. Perdí mi celular y eché a llorar como niño. Fue la excusa por ver que mi mano leprosa (felicidades futboleros rancios) no puede, no puede torcer el destino de una mujer amada.

Perdí. Mi cuerpo agotado se ciñe al vuelo de las hípócritas reuniones familiares donde quién no llora o no coge no tiene razón de existir. Amé, y esa es la virtud de estos tiempos. Me paro de a ratos (de a ratos nada más) sobre el pupitre de mis maestros para enseñar el camino más corto, sosegar los miedos de los jóvenes y andar arrastrando el tren de quienes tomaremos el poder.

Pero perdí. Quiero salir de este nuevo pozo. Los chillidos de niños y sus cuetes me hastían. Y el barro de mis dedos no lubrica esos dedos comidos.
(Fue mal momento para dejar de fumar. Así que apago la ansiedad dentro de mis pulmones nuevamente).
Todo se torna huracán. Donde su centro me da una parsimonia de lógica adolescente. Los bordes hunden mis tierras, y el tiempo se muestra tal cual es.
(Un amigo viene a rescatarme por segundos)
Late, mi corazón late porque aún no se entrega. Otros, condenados, se detienen alertando un joven final, ex amigo. Digiero esto y callo...

Primeros retazos de 2004

Cabalgan las zorras como sobras escogidas de pedestales urbanos. Entre pajareras rutinarias voces, decenas, grugnen estelas de razón. Algunas mueren por morir, otras vacilan en tener, pegajosas intentan nuevamente. Y acartonado en la fila del medio enciendo un cigarro dulce para calmar mis cervicales. Nadie dice nada y me vuelvo a encerrar.

Doman las mieles la hiel de los perdedores, que beben ídolos y no saben de que están fabricados. El humo enceguece sus manos. El himen disfruta algún dado. No puedo escribir, entonces vuelvo a morir junto al fuego y a resucitar junto al mar, como en aquellos agnos lejos de la revolución y cerca del paraíso.

Los oficinistas siguen ahi, conspirando. Ignorando que el motor de los tiempos cabalga sobre sus cabezas y que nunca podrán domar al hacedor de ilusiones.

Remos de madera húmeda (2005)

Remo incansablemente, y la madera sigue húmeda...
...afuera las personas se siguen muriendo y dentro de mi late
incansable el miedos a viejas enfermedades.
Mi cuerpo decaído cae otra vez. Sueños espaciosos estrellan contra la pared. Amores, titilan.
La soledad del andariego acumulan odio e insatisfacción.
Y ellos vacilan...

Sudo como esclavo. Temo como perro. Mareos. Mentes miniaturas.
Delirios en la cama y lejos de ella. Bajen, dioses de dádivas.
Temo perder. Las horas acaban y no podré volver a jugar.
Escribo por escribir y los tontos no publican. Grito. Esputo.

Año inútil. Fugitivo desconfio y miedo de abandono. Perro. Cam. Fantasía.
Ya soy de los que alcanzan té con limón,
no de los que son alcanzados.
Soy de los que leen letras chicas, no de los que son enseñados a leer.
Desesperación. Mares. Nueve años. Diez años.
Ataúdes que no comprenden quienes darán vida.
Me ahogo. Fumo. Esfumo. Ciudad adormecida. Paciencia
de quienes miran desde arriba y de quienes miran con desdén.
Costado cruel. Idealismo mentiroso.
Temo perder. Sosobra y no se nadar. Nada. Nadie.
Y eso que los fósforos Kwai se humedecieron.
Soledad, tristeza y desesperación...
y a nadie (pero a nadie) le importa.
Corran cuidando su canasta de pastillas.

Ajeno (2005)

(Palabras para q lean los que ya olvidaron leerme)

Mi silencio era. Yo soy. Pero en este mismo instante una falange de médicos y cirujanos tratan de explicar como este torso de dueño desconocido ocupa el lugar del que era mi torso. ¿Donde estás, torso?
Siento algo diferente. Un dolor ajeno que penetra por cada espacio nervioso. Trato de sentir mi corazón y no es él. Trato de inundar mis pulmones de humo y no se llenan. El dulce no calma la angustia.
La sangre que bombea ese corazón lleva a mi cerebro imágenes extrañas. Sueños, ilusiones. La paciencia es efectivamente una virtud de los dioses. El amor, una estela inconmensurable de sentidos que debe destronar viejas enseñanzas y viejos laureles.
Amé. Amo. Pero este torso no es mío. Que amó y ama sin horizonte. Ya sin horizonte. Las imágenes de mi cerebro dibujan algunos sketchs y no pocas andanzas de un amor férreo, gruñón, histérico, pero poco paciente. Nada consuela ese pedazo ajeno incrustado en donde alguna vez estuvo mi pecho.
No comprendo porque vino a mí. Trato de justificarlo escribiendo. Mi oficio. Pero ya no resiste, abandona lo que era suyo y corre. Tengo miedo y el pecho se abre una vez más. El vértigo de mi profesión no da respiro. Otro alcohólico escapando.
Ella huyó. Su orgullo ganó. Mi vida empeoró. La cabeza dice en voz baja que hay que cortar el juego enfermo. Pero quiero mi pecho de regreso. Lo quiero gimiendo ante la locura, hipnotizado en el bullicio, ardiente en la batalla. Lo quiero porque los sueños duelen más que las realidades. En mi mundo duelen más.
Elegí nombres de bebes fantasma. Juegos de primeras vacaciones. Cuadros de casas pequeñas. Una historia para contar. Pero los médicos no saben que hacer. Duele. Duele. Como nunca. Ese dolor ajeno que ocupa donde antes estaba mi pecho. Y nada. Extraño. Ya extraño. Duele como nunca. Y extraño. Quierá Alá o algún otro dios en el que no creo que miré los pedazos de recuerdos, los ate con alambre y me siga prestando la ternura. Su pecho atormentado y mi pecho atormentado caben entre mis cerebro y mis pies.
(La enfermedad tiene cara de condenado a muerte. Treinta segundos no bastan para justificar haber llegado hasta debajo de la hoja)

Pato muerto (2005)


Oculto tras las ramas de mi ventana, deleito a los señores de la inocuidad. Ellos ríen a escondidas, porque escape a la mirada de la parca. No quise ver como moría el pato predilecto de mi vieja...
Hacía dias que agonizaba, y sus hermanos aprovecharon para tomar sus hembras. Revolcaron su cabeza en el lodo, y revolotearon en la mía durante el duelo...
Lejos de mi cuna, caigo en la sangre histérica. Lejos de la tribuna, veo las columnas derrumbarse. No quiero soñar en círculos hastiados, ni perecer en pantanos profanos. Solo resta pitar y correr, pitar y correr...
(Pendulo. Pijama. Otro perfume barato. Y manchas en el colchón).

-No me mires así, cachorra. No puedo dejar de evitar mirarte. Tal vez me reconquistes, las flores ya no funcionan más...
(Espero que entierren a Blas. El volquete de la esquina del barrio no es lugar digno para tan orgulloso ejemplar).