3. La incertidumbre de la pasión

Verano del 2000, lejos de casa.

Cabellos de mar:
Empiezo a escribir estas líneas después de estar largo rato imaginando tus ojos inquietos tras las estrellas, quienes -fieles guardianes de nuestra luna- intentan representar la cantidad de besos que deseo darte, la cantidad de historias que quiero construir junto a tí, la cantidad de lágrimas que derramé por amores pasados (enterrados) y que ahora solo se muestran como puertas hacia tí.
Considero que desde nuestro primer beso supiste de mis temores, mis heridas y mis sueños; no es poco para mí. Supiste de esos temores que pudiste callar, de esas heridas que supiste cerrar, de esos sueños que quiero compartir sabiendo que no mirarás para otro lado ni apagarás cruelmente.
Eres tan bella, un ángel caído del paraíso y que iría junto a mí hasta el mismísimo infierno. Eres tan dulce, un alma aparecido en cualquier noche y que cambió -para siempre- el sentido de ser un viejo buscador de ilusiones. Eres tan real, un ser golpeado por la vida y que comprende la necesidad de luchar por la libertad física, mental y espiritual. Sin embargo estoy inquieto.
Estoy inquieto ¿por qué? porque pronto partiré y ninguna voz sedará los nervios de la calle, el deseo de mis labios, la incertidumbre de no saber si la fina línea de mi locura me llevará a perderme en mi mismo, el laberinto que acorrala la sonrisa detrás de tu espejo. Pero no importa.
No importa ¿por qué? Porque tu enredado cabello será siempre el borde de mi vida por donde me atreví a salir sin temor a ser mi propio caleidoscopio.
Deseo tener tu cuerpo, oír tus gemidos y ver tu sonrisa. Quiero estar a tu lado, oír tus palabras y ver tus pasos. Sueño hilvanar sueños para que mientras tú me ames y yo te ame marchemos hacia la locura, esa que solo nosotros entendemos como funciona.

Te amo

P.D.: Cuando te digo “te amo” siento como mi pecho se hincha hasta más no poder, mi saliva pasa temblorosa por mi garganta y mis ojos se nublan embriagados.

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